
Un nuevo Tour, una vieja cuenta pendiente
Primoz Roglic llega al Tour de Francia 2025 con una mezcla de cicatrices abiertas y energía renovada. Tras abandonar el pasado Giro d’Italia debido a una caída en la novena etapa —una jornada sobre tierra que lo dejó fuera de combate y bajo antibióticos—, el esloveno se planta en la línea de salida de la “Grande Boucle” con una actitud diferente: sin presión, pero con la motivación de saldar una deuda emocional con la carrera que aún no ha conquistado.
“Tengo asuntos sin terminar”, reconoció Roglic ante los medios. Pero también dejó claro que su presencia en el Tour es ya una victoria en sí misma: “Estoy orgulloso de aún poder estar aquí, en el evento ciclista más grande del mundo”.
Sin obsesiones, con gratitud
A diferencia de otros años, donde la presión lo consumía, Roglic ahora opta por una mentalidad más serena: “Solo quiero ir día a día”. En sus palabras se percibe una transformación interior. Atrás quedaron los días de estrés desbordante y expectativas inamovibles. Hoy, el líder del Red Bull–BORA–hansgrohe está más enfocado en disfrutar el viaje y afrontar con madurez los desafíos.
Frente a la pregunta sobre sus rivales, Roglic no titubea en reconocer el talento de Vingegaard, Evenepoel y compañía, pero señala con firmeza: “No me preocupo mucho por ellos. Cada uno escribe su propia historia. Yo estoy escribiendo la mía.”
Etapas iniciales: sobreviviendo primero, soñando después
El esloveno admitió que no ha estudiado con detalle el recorrido de las primeras etapas. “Mañana tenemos reunión con el equipo para analizar todo bien. Ahora mismo no estoy muy al tanto… Solo sé que hay que sobrevivir”, dijo, evocando lo vivido en el Tour pasado y en el reciente Giro. No lo dice con resignación, sino como alguien que ha aprendido a leer las señales de su cuerpo y a respetar el proceso.
De las caídas se aprende más que de las victorias
“Cuando todo va bien, es más difícil aprender”, reflexiona Roglic. Su historial de infortunios en grandes vueltas no ha debilitado su mente. Por el contrario, han afilado su carácter: “Las cosas malas son las que te hacen crecer. Sin ellas, ni siquiera sabrías lo que es bueno”. Cada caída, cada abandono, cada frustración, han sido capítulos que lo han fortalecido más que cualquier podio.
El privilegio de seguir en la élite
A sus 35 años, Roglic es consciente de que ya no pertenece al grupo de los jóvenes prodigios. Sin embargo, sonríe al reconocer que aún no figura entre los cinco ciclistas más veteranos del pelotón. “Todavía no estoy ahí… quizá el próximo año”, bromea. “Es un privilegio poder compartir carrera con estos jóvenes tan fuertes.” Para él, competir en este Tour no es solo un objetivo deportivo, sino una celebración de lo que significa seguir vigente.
Lipowitz, la juventud que lo acompaña
En su camino, Roglic no está solo. Florian Lipowitz, joven talento alemán que brilló en el Dauphiné, será su escudero en esta edición. “Mostró un nivel muy alto”, destacó Primoz, satisfecho con el respaldo de su equipo. También recordó con afecto al joven Pellizzari, compañero en el Giro, mostrando así su aprecio por quienes lo rodean y su rol como mentor.
Más allá del resultado: legado y significado
En uno de los momentos más sinceros de la conferencia, Roglic cerró con una reflexión potente: “Ganes o no, sigues siendo la misma persona para los tuyos. Pero claro que el reto sigue ahí. Al final, es solo otra guerra. Y cada día que vivimos, es un día más cerca del último.”
Con esa visión honesta y filosófica, Primoz Roglic se lanza a un nuevo Tour. No como un hombre desesperado por redención, sino como un guerrero que, pese a todo, sigue pedaleando.
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