
Un debate que rompe con la tradición
Durante décadas, el ciclismo ha sido un espectáculo abierto, una fiesta gratuita para los aficionados que llenan las cunetas de las carreteras. Sin embargo, esa costumbre podría cambiar. El ex campeón de la Milano–Sanremo, hoy convertido en organizador de eventos, Filippo Pozzato, ha defendido públicamente la idea de cobrar entrada a los aficionados que deseen ver las carreras desde zonas específicas del recorrido.
“La gente debe entender que no está desperdiciando dinero”
Pozzato, al frente de PP Sport Events, asegura que este modelo no busca excluir a nadie, sino garantizar la sostenibilidad del ciclismo. “La gente debe entender que no está desperdiciando su dinero: estamos ofreciendo un servicio, además del espectáculo de la carrera”, afirmó en una entrevista con SpazioCiclismo. Para el italiano, el deporte necesita adaptarse: “Somos el único deporte que no tiene un sistema de boletería. No podemos depender siempre de los gobiernos o regiones: ya no pueden financiar todos los eventos. El ciclismo no puede seguir sobreviviendo así”.
Del Veneto Classic a un modelo autosostenible
Pozzato ya ha probado este sistema en el Veneto Classic, donde el acceso a la subida de Tisa tiene un costo de 10 euros, que incluye pantallas gigantes, música, comida y entretenimiento. Al principio, recibió fuertes críticas: “Cuando apliqué este modelo, la gente me insultó. Decían que quería dividir a las clases. Pero pagas 15 euros por ver un partido de fútbol de segunda división, ¿por qué no pagar algo por ver a los mejores ciclistas del mundo?”, explicó.
Con el tiempo, la percepción cambió. “Al principio todos estaban enfadados, pero ahora los comentarios son positivos”, reconoció. Este año, 720 espectadores compraron sus entradas, un número récord para su evento. Su meta es clara: “Llegar a mil y luego subir el precio y la calidad de la experiencia, para que la gente vuelva porque vale la pena”.
Educar al público y renovar la experiencia
Para Pozzato, más que un cambio económico, se trata de una transformación cultural: “Hay que educar a la gente para que entienda que no está tirando el dinero. Les estamos ofreciendo un servicio y una experiencia. También es una forma de atraer a los jóvenes al ciclismo. Fuera del Giro de Italia, casi nadie va a las carreteras; hay que hacerlo divertido de nuevo”.
El ex corredor advierte que sin esta evolución, las carreras pequeñas desaparecerán. “Si no avanzamos hacia este modelo, todas las pruebas menores en Italia morirán. Excepto las que organiza RCS Sport, las demás no pueden sostenerse. Están dirigidas por entusiastas, no por profesionales”.
“Debe convertirse en un espectáculo”
Pozzato coincide con otros promotores como Jérôme Pineau, quien recientemente propuso cobrar por acceder a las zonas altas del Alpe d’Huez durante el Tour de Francia 2026. Pero su enfoque es distinto: “En el ciclismo todos quieren hacer las cosas como siempre. Yo quiero que cambien, porque ya no es sostenible. Debe convertirse en un espectáculo. No hay que distorsionar el deporte, pero sí tratarlo como entretenimiento”.
Inspirado en los clásicos de Flandes, Pozzato recuerda: “Allí la gente paga 500 euros por hospitalidad. Aquí cuesta que paguen 10. Pero si quieres un producto de calidad, los servicios cuestan dinero”.
¿Hacia una nueva era del ciclismo?
Aunque reconoce sentirse “solo contra un millón”, Pozzato asegura que el camino hacia la profesionalización es inevitable. “Intenté hablar con la Liga, pero no tuve respuesta. No hay visión de negocio. Lo importante es crear un producto de calidad que tenga valor real”, señaló.
Con ideas como las de Pineau y Pozzato ganando espacio, el debate está abierto: ¿podrá el ciclismo mantener su esencia gratuita o deberá reinventarse para sobrevivir en la nueva economía del deporte?
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