
En el ciclismo moderno, no siempre gana la lógica. A veces, lo hace la costumbre. Eso quedó claro tras el debate que encendió Tadej Pogacar al sugerir un cambio que, sobre el papel, parece sensato, pero que en la práctica choca con décadas de tradición.
La propuesta que nadie esperaba
El esloveno planteó intercambiar las fechas del Giro de Italia y la Vuelta a España, con la intención de que la ronda española pase a disputarse en primavera. Según explicó, el clima y la participación de figuras mejorarían notablemente con ese ajuste.
Sus palabras fueron directas:
“He estado diciendo durante años que sería mucho mejor si el Giro y la Vuelta intercambiaran fechas”.
Desde el punto de vista deportivo, la idea parece lógica: permitiría a más corredores intentar el doblete Tour–Vuelta sin llegar exhaustos a los Mundiales.
Apoyos internos con base en la realidad
En el entorno de UAE Team Emirates – XRG, la reacción fue menos conservadora. Su mánager, Joxean Fernández Matxin, reconoció que nunca lo había pensado, pero cambió de postura al leer el argumento de su líder:
“Cuando leí la explicación de Tadej, pensé que en realidad hay algo en eso”.
Matxin respaldó su postura con ejemplos prácticos:
“Por ejemplo, nunca podemos reconocer las subidas del Giro porque en abril hay mucha nieve”.
Y remató con una comparación climática:
“En España, el clima en mayo es mejor que en Italia”.
La memoria como freno al cambio
No todos en el pelotón se mostraron convencidos. Ralph Denk, director del equipo Red Bull – BORA – hansgrohe, recordó que la Vuelta ya se disputó en primavera hace décadas:
“Cuando empecé a correr hace 40 años, la Vuelta se hacía en abril”.
Pero también cuestionó si los problemas climáticos justifican una reforma total:
“Hace dos años, la etapa de Livigno en el Giro fue un caos por la nieve en el Umbrail Pass. Pero, ¿eso pasa cada año? No lo creo. El año pasado, por ejemplo, el clima en el Giro fue excelente”.
Tradición, el verdadero muro
Desde Lidl-Trek, Steven de Jongh sintetizó la resistencia general:
“En sí, me parecería lógico que el Giro y la Vuelta intercambiaran fechas, sobre todo por el clima. Pero la carrera está ligada a la tradición, así que podría ser un cambio demasiado grande”.
Además, señaló un obstáculo mayor: el Giro y la Vuelta pertenecen a organizadores distintos (RCS y ASO), lo que complica cualquier coordinación.
Más grande que su autor
La discusión, iniciada por Pogacar, ya supera al propio corredor. No se trata solo de fechas, sino de identidad, contratos y estructuras históricas. Por ahora, el cambio seguirá siendo una idea. No porque carezca de sentido, sino porque en el ciclismo, la tradición pesa tanto como la victoria.
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