
Tadej Pogačar volverá a intentar conquistar una de las pocas joyas que aún faltan en su palmarés: la Milano-Sanremo. La llamada “Classicissima” sigue siendo el Monumento que más se le ha resistido al campeón esloveno, y el motivo está en el propio diseño de la carrera. En un recorrido sin ascensos realmente explosivos, el papel de su equipo —y especialmente de Isaac del Toro— podría ser determinante.
Una carrera poco favorable para los grandes ataques
A diferencia de otras clásicas monumento como el Tour de Flandes, Lieja-Bastoña-Lieja o Il Lombardia, la Milano-Sanremo no presenta subidas largas y duras que permitan a Pogačar imponer su potencia con facilidad.
El recorrido vuelve a apostar por un desarrollo tradicional: una jornada larguísima que este año partirá desde Pavia y concluirá en la histórica Via Roma de San Remo. Sin embargo, el desenlace sigue concentrado en dos puntos clave: la Cipressa y el Poggio.
La Cipressa aparece cuando el pelotón ya acumula más de 270 kilómetros de carrera. Son 5,6 kilómetros de ascenso con una pendiente media del 4,1 %, donde la dificultad radica más en el ritmo que en la dureza del terreno.
La estrategia de UAE: romper la carrera en la Cipressa
Durante las últimas ediciones, el UAE Team Emirates-XRG ha dejado clara su táctica: aumentar al máximo la velocidad en la Cipressa para que Pogačar pueda atacar y abrir diferencias.
El objetivo principal es aislar a su gran rival, Mathieu van der Poel, quien ha sido uno de los mayores obstáculos para que el esloveno conquiste esta clásica.
La idea del equipo ha sido siempre clara: subir la Cipressa a un ritmo infernal, buscando un tiempo cercano a los nueve minutos.
Sin embargo, el plan ha sufrido un golpe antes incluso de empezar la carrera. Dos piezas importantes del equipo, Tim Wellens y Jhonatan Narváez, no estarán presentes debido a lesiones.
Isaac del Toro gana protagonismo
La ausencia de estos corredores aumenta el peso estratégico de Isaac del Toro dentro del equipo.
El ciclista mexicano ya tuvo la responsabilidad de endurecer la carrera en la Cipressa el año pasado, aunque en aquella ocasión no cumplió completamente con las expectativas. Sin embargo, doce meses después la situación parece distinta.
Del Toro ha dado un salto importante en su rendimiento. Sus recientes resultados en distintas clásicas y su destacada actuación junto a Pogačar en el Mundial de Kigali, donde ambos escaparon en el sector más duro del circuito, reflejan su crecimiento deportivo.
Ese progreso lo convierte ahora en una pieza potencialmente decisiva en la estrategia del equipo.
El Poggio: demasiado corto para romper la carrera
Uno de los grandes desafíos para Pogačar es la naturaleza del Poggio di San Remo. Aunque suele ser el punto decisivo, sus características no siempre favorecen ataques definitivos.
La subida tiene apenas 3,7 kilómetros con una pendiente media del 3,7 %. Solo algunos tramos alcanzan el cinco por ciento y existe una rampa corta que toca el ocho por ciento.
Con estas cifras, soltar a corredores como Van der Poel resulta extremadamente complicado. Por ello, gran parte de la carrera podría decidirse previamente en la Cipressa.
El lanzamiento perfecto puede marcar la diferencia
El ataque de Pogačar seguramente será explosivo, pero sin una preparación adecuada resulta difícil abrir huecos en un terreno relativamente suave.
Un ejemplo claro del tipo de lanzamiento que necesita ocurrió en el último Tour de Francia, cuando Jhonatan Narváez lanzó el ataque del esloveno en el Mur de Bretagne durante la séptima etapa.
Ese tipo de apoyo podría ser ahora responsabilidad de Del Toro.
Si el mexicano llega en su mejor nivel, su trabajo podría resultar determinante para que Pogačar logre finalmente conquistar una Milano-Sanremo que sigue resistiéndosele.
Así será el recorrido de Milano-Sanremo 2026
La edición de 2026 tendrá una distancia aproximada de 289 kilómetros entre Pavia y la costa ligur. El inicio será mayormente plano durante más de 100 kilómetros, atravesando localidades como Casteggio, Voghera, Rivanazzano Terme y Tortona, una zona donde suele formarse la fuga del día.
El primer ascenso relevante llegará con el Passo del Turchino, situado cerca del kilómetro 148. Aunque no suele ser decisivo, marca el punto en el que la carrera desciende hacia el Mediterráneo.
Posteriormente aparecerán los tradicionales Capi: Capo Mele, Capo Cervo y Capo Berta. Estas pequeñas cotas aumentan la intensidad y posicionan a los favoritos antes del momento clave.
La Cipressa se coronará a unos 22 kilómetros de la meta y suele ser el lugar donde los equipos ofensivos lanzan los primeros movimientos serios.
Finalmente, el Poggio di San Remo aparece a menos de seis kilómetros del final. Su corta pero explosiva subida, seguida de un descenso técnico hacia la ciudad, suele decidir el destino de la Classicissima.
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