
De la sombra a la luz
Shari Bossuyt ha regresado. La ciclista belga de 24 años, ahora en las filas del AG Insurance – Soudal, volvió al Tour de France Femmes tras vivir una de las etapas más duras de su vida deportiva: una suspensión por dopaje que la dejó fuera del pelotón durante dos años. Hoy, con fuerza renovada y mirada firme, está escribiendo un nuevo capítulo, uno que no ignora el pasado, pero no se deja definir por él. “Estoy mirando hacia adelante, no hacia atrás”, afirma con claridad.
Un regreso que no pasó desapercibido
En las primeras etapas del Tour 2025, Bossuyt ya ha demostrado que su vuelta no es solo simbólica: logró meterse en el top 10 en las etapas 3 y 4, un rendimiento que evidencia no solo preparación física, sino también una determinación férrea por recuperar su sitio en el alto nivel. Antes del castigo, su última competencia había sido la París-Roubaix Femmes en abril de 2023. Poco después, una prueba antidopaje arrojó un resultado positivo por letrozol, una hormona prohibida.
Una sanción que dejó cicatrices
Bossuyt siempre sostuvo que nunca usó la sustancia de forma intencional y apuntó a una posible contaminación. No obstante, la sanción se aplicó y la dejó al margen durante un periodo que debería haber sido de crecimiento en su carrera. “Fue muy duro, eh”, confesó con honestidad. “Hace un año, vi que el Tour estaba exactamente un mes después de mi regreso, así que ese fue un gran sueño por el que entrenar”.
No solo fuerza física, también lucha interna
Su retorno ha sido progresivo pero firme. Además de sus actuaciones en el Tour, logró ubicarse entre las diez mejores en los campeonatos nacionales de ruta y contrarreloj en Bélgica. Aunque reconoce que aún le falta ritmo de competencia —“Creo que me falta un poco de forma de carrera, pero cada día puede ser mejor”—, sus resultados la acercan a su mejor versión.
Sin embargo, el desafío ha ido más allá de las piernas. En enero, compartió en redes sociales lo que significó convivir con la etiqueta de “dopada”. “Nadie parece darse cuenta del impacto que esto tiene en la salud mental de alguien”, escribió. “Tener que caminar cada día con ese ‘sello’ es casi insoportable”.
La reivindicación está en curso
Bossuyt no busca que se le absuelva ni que se olvide lo que pasó. Solo quiere que se le reconozca por lo que es ahora: una ciclista que sigue luchando. “Fue un momento muy difícil, pero era la situación”, aceptó. Lo importante para ella no es borrar el pasado, sino demostrar quién sigue siendo. Y si hay que hablar de redención, ella prefiere que sus piernas hablen primero.
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