
La Milano-Sanremo vuelve a escena como la clásica más impredecible del calendario. Con casi 300 kilómetros entre Pavia y la costa de Liguria, el primer monumento del año mezcla historia, resistencia y estrategia en una prueba donde cualquier detalle puede decidir al ganador.
Una carrera única en el calendario
Desde su primera edición en 1907, la “Classicissima” ha reunido a leyendas de todas las épocas. Su esencia permanece intacta: una prueba larga, exigente y abierta a múltiples desenlaces. A diferencia de otras grandes clásicas, aquí no hay un solo perfil dominante; velocistas, clasicómanos y escaladores tienen opciones reales si saben leer el momento.
La edición 2025 dejó claro el nivel actual con un duelo electrizante entre Tadej Pogacar y Mathieu van der Poel, que terminó inclinándose a favor del neerlandés.
El recorrido: desgaste y precisión
El trazado de 298,2 kilómetros castiga las piernas con el paso de las horas. Tras los primeros kilómetros relativamente controlados, aparecen los “Tre Capi”, que sirven como antesala del desenlace.
La Cipressa (5,6 km al 4%) suele ser el primer punto de quiebre. No es una subida brutal, pero llega tras más de seis horas de carrera, lo que la convierte en un filtro natural. Allí, los equipos más ofensivos buscan seleccionar el grupo.
Luego aparece el Poggio di Sanremo (3,6 km al 3,7%), una subida engañosa que, pese a su suavidad, ha sido escenario de ataques decisivos, especialmente en sus rampas finales. La bajada técnica y el tramo final hacia la Via Roma completan un cierre donde todo puede pasar.
El clima también juega
El viento será un factor clave, especialmente en el tramo entre la Cipressa y el Poggio. Aunque no se esperan condiciones extremas, una leve brisa en contra podría dificultar los ataques lejanos y favorecer un desenlace más compacto.
Favoritos: duelo en la cima
El foco principal está en el enfrentamiento entre Pogacar y Van der Poel. El esloveno buscará endurecer la carrera desde la Cipressa con un ataque directo, apoyado por un equipo diseñado para ese objetivo. Sin embargo, la efectividad dependerá de su condición respecto al año anterior.
Por su parte, Van der Poel llega en gran forma y con una ventaja táctica: su capacidad para posicionarse y resistir los ataques lo convierte en el rival más sólido. Su versatilidad y lectura de carrera lo perfilan nuevamente como el hombre a vencer.
Alternativas que pueden sorprender
Detrás de los dos grandes nombres, aparecen corredores capaces de cambiar el guion. Filippo Ganna representa la potencia pura y podría atacar en los momentos finales o disputar un sprint reducido. Wout van Aert, si logra posicionarse bien, también tiene argumentos para pelear la victoria.
Otros nombres como Tom Pidcock, Matej Mohoric o Romain Grégoire pueden aprovechar escenarios tácticos, especialmente en descensos o movimientos inesperados.
¿Sprint o ataque final?
El desenlace sigue siendo una incógnita. Un grupo reducido podría jugarse la victoria al sprint en la Via Roma, aunque también existe la posibilidad de un ataque solitario en el Poggio o su descenso.
Lo único seguro es que, tras siete horas de esfuerzo, las diferencias serán mínimas y la lectura de carrera marcará la diferencia.
Pronóstico abierto
En una prueba donde cada edición cuenta una historia distinta, el favoritismo se reparte entre Pogacar y Van der Poel, con un ligero margen hacia el neerlandés si la carrera se define en un grupo pequeño.
Milano-Sanremo, fiel a su esencia, promete otra jornada donde la lógica y la sorpresa vuelven a cruzarse en la línea de meta.
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