
Chris Froome volvió este año al Tour de Francia, aunque esta vez lejos del pelotón y con un papel diferente. El británico, cuatro veces campeón de la Grande Boucle, aprovechó su presencia en la carrera para relatar por primera vez la gravedad del accidente sufrido en 2025, un episodio que no solo puso fin a su trayectoria profesional, sino que también comprometió seriamente su vida.
El excorredor del Israel-Premier Tech confesó que las consecuencias de aquella caída fueron mucho más severas de lo que inicialmente se conoció y que durante varios meses su principal objetivo dejó de ser el ciclismo para convertirse simplemente en sobrevivir.
Un entrenamiento terminó en tragedia
El accidente ocurrió en agosto del año pasado mientras Froome entrenaba cerca de su residencia, en la Costa Azul francesa. El británico tuvo que ser trasladado en helicóptero al hospital de Toulon debido a la gravedad de las lesiones.
Aunque en un primer momento se informó que permanecía consciente y que ningún vehículo estuvo involucrado en el incidente, la dimensión real del impacto fue devastadora.
«Todas mis costillas del lado derecho estaban rotas, y también varias vértebras de mi espalda. Mi caja torácica colapsó con el impacto y mi pulmón derecho quedó gravemente afectado», explicó Froome en declaraciones concedidas a L’Équipe.
El británico también reveló que una de las fracturas alcanzó una zona especialmente delicada de su organismo.
«Una de las costillas también perforó el pericardio, la membrana que protege y sostiene el corazón, así que mi corazón quedó realmente abierto y expuesto, algo que puede ser muy peligroso. Mi cavidad torácica se estaba llenando de sangre, no podía respirar».
Meses de hospitales y operaciones
Las consecuencias del accidente fueron inmediatas. Froome no volvió a competir y su carrera terminó definitivamente al no contar con contrato para la temporada 2026.
Sin embargo, el final del ciclismo pasó a un segundo plano frente a la complejidad del proceso de recuperación.
«No fue solo la caída inicial, sino todas las consecuencias que llegaron durante los meses posteriores. Nunca había sufrido algo tan grave. Mi vida estuvo en peligro allí. Tengo suerte de estar vivo».
Durante varios meses el británico alternó ingresos hospitalarios, intervenciones quirúrgicas y largos periodos de recuperación médica.
«Entraba y salía del hospital hasta mediados de enero. Incluso cuando regresé a casa, después de cinco meses entre operaciones y hospitalizaciones, necesité hasta abril o mayo para volver a ponerme realmente de pie y dejar la medicación».
Un adiós que nunca pudo despedirse
Froome tenía previsto retirarse al finalizar la temporada 2025. De hecho, cuando firmó su último contrato con Israel-Premier Tech ya sabía que sería el cierre de su carrera profesional.
«Cuando firmé mi último contrato, sabía que sería el último».
El británico esperaba despedirse compitiendo una última carrera y recibir el homenaje habitual reservado para las grandes figuras del deporte, pero el accidente cambió completamente esos planes.
«Esperaba poder disputar una última carrera y despedirme de esa manera, como suele hacerse. Pero el accidente de agosto me dejó fuera».
La prioridad pasó a ser exclusivamente su salud y su recuperación, motivo por el cual desapareció prácticamente de la vida pública durante varios meses.
«Hablar con los medios, hacer un gran anuncio o celebrar una gran fiesta estaba completamente fuera de cuestión. No era que quisiera mantener el misterio ni nada parecido. Estaba centrado en recuperarme y en pasar tiempo con mi familia».
La segunda gran caída de su vida deportiva
El accidente de 2025 se convirtió en el segundo gran golpe físico de su carrera tras el sufrido en 2019 durante el reconocimiento de una contrarreloj del Critérium du Dauphiné, caída que marcó un antes y un después en su rendimiento deportivo.
Aquel episodio acabó con el dominio absoluto que había ejercido en las grandes vueltas durante la década de 2010, pero el último accidente tuvo consecuencias todavía más profundas.
Actualmente, el británico reconoce que su perspectiva sobre la vida cambió completamente.
«Cuando ocurre algo así y te explican la gravedad de la situación, y que todo pudo haber terminado de cualquier manera, es un momento realmente humilde».
Una nueva etapa lejos de la competición
Froome regresó este verano al Tour de Francia como embajador de Skoda, uno de los patrocinadores históricos de la prueba, y asegura sentirse agradecido por la oportunidad de disfrutar una vida diferente.
«Siento que me han dado una nueva oportunidad para vivir. Y también es una señal de que ahora necesito bajar el ritmo y disfrutarlo. He pasado las últimas dos décadas haciendo sacrificios y sufriendo».
El británico reconoce que hoy sus prioridades son muy distintas a las que tuvo durante sus años como profesional.
«Era mi sueño, pero al mismo tiempo ahora estoy en un momento de mi vida en el que puedo vivir y estar más presente con mi familia. Cuando estoy en casa no solo entreno y me recupero; puedo llevar a mis hijos a caminar o de camping. Mi prioridad ahora es estar más presente como esposo y padre».
Con 41 años y después de sobrevivir a uno de los momentos más difíciles de su vida, Chris Froome parece haber encontrado una nueva victoria lejos de la bicicleta: la de disfrutar el tiempo junto a su familia y valorar una segunda oportunidad.
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