
Romper el molde para volver a ganar
Durante años, el Team Sky —hoy INEOS— construyó su hegemonía sobre la teoría de las “ganancias marginales”. Sin embargo, una década después, uno de sus corredores encontró el éxito siguiendo el camino contrario. Thymen Arensman cerró una de las mejores temporadas de su carrera con dos victorias de etapa en el Tour de France, incluso imponiéndose en una jornada que Tadej Pogacar tenía marcada como objetivo, tras abandonar varios dogmas de su preparación.
De promesa a una etapa de golpes y frustraciones
El inicio de su etapa en INEOS no fue sencillo. El equipo británico quiso transformarlo en un corredor para la general de las grandes vueltas, alejándolo del perfil ofensivo que mostró en DSM, donde ganó la etapa reina de La Vuelta a España 2022.
La adaptación resultó traumática. En la Vuelta 2023 sufrió un fuerte accidente a cinco kilómetros de la meta: perdió un diente y estuvo inconsciente durante tres o cuatro horas. Antes, en el Giro d’Italia, llegó sobreentrenado, cedió tiempo en los primeros días y terminó la carrera con cinco kilos más. En la Vuelta a España siguiente, un golpe de calor lo envió en ambulancia tras la séptima etapa y abandonó en la undécima. Tras esa seguidilla de episodios, reconoció que “había perdido casi por completo la alegría del ciclismo”.
Un 2025 marcado por la libertad
El cambio llegó este año. Arensman recuperó la posibilidad de ir a las fugas, algo que había quedado relegado desde su llegada a INEOS. Fue segundo en el Tour of the Alps y firmó una victoria memorable en la cuarta etapa tras una escapada de 80 kilómetros. En París-Niza subió al podio con un tercer lugar, su primer top 3 en una carrera de una semana desde el Tour de Polonia 2022.
La clave estuvo en un entrenamiento menos rígido y en un nuevo responsable técnico: dejó de trabajar con Dajo Sanders y pasó a ser dirigido por el español Adrián López.
Menos control, más confianza
Arensman explicó su nueva filosofía sin modificar sus palabras:
“A veces es bueno salir de la zona de confort. Por ejemplo, no he ido al gimnasio desde el invierno pasado. Fue todo muy relajado en la concentración de altura en Tenerife en enero. Creo que me quedaba atrás casi todos los días en la última subida; no me molestaba en absoluto si alguien iba más rápido cuesta arriba. Normalmente, siempre me estresaba un poco, incluso si veía que mi potencia no era la adecuada, pero ahora confío en que se notará en la carrera, en que podré aportar esos 50 o 100 vatios extra”.
También sin nutricionista
El neerlandés fue aún más lejos al explicar que dejó de acudir al nutricionista desde comienzos de año.
“A mí no me funcionó. Simplemente como lo que quiero y escucho a mi cuerpo. He aprendido bastante sobre nutrición en los últimos años, así que tengo conocimientos básicos. No es ciencia espacial. Sabes cuántos carbohidratos necesitas por hora, y también es obvio que deberías comer menos en un día de descanso que en un día de entrenamiento de seis horas. Es solo cuestión de lógica y de escuchar mi instinto”.
Incluso puso un ejemplo claro de su nueva relación con la comida:
“Si me apetece un trozo de chocolate, bien, últimamente tomo chocolate negro en lugar de chocolate con leche. Antes, esto lo habría evitado. Pero me di cuenta que no comer conscientemente me cuesta más energía después que si me hubiera metido ese trozo de chocolate en la boca”.
El resultado: victorias en el Tour
Lejos de los laboratorios y del control extremo, Arensman encontró equilibrio, confianza y resultados. Dos etapas en el Tour de France fueron la confirmación de que, incluso dentro de INEOS, a veces salirse de la receta puede ser la mejor fórmula para volver a ganar.
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