
Una historia desconocida del Tour 2015
En el pelotón se viven tensiones, roces y discusiones, pero pocas veces se conocen escenas tan intensas como la que revela Luke Rowe en su reciente libro Road Captain: My Life at the Heart of the Peloton. El excapitán de ruta del equipo Sky (hoy INEOS Grenadiers) desempolva una anécdota del Tour de Francia 2015 donde Chris Froome dejó de lado su habitual temple para encarar sin rodeos a Vincenzo Nibali.
Botella voladora, ciclistas en el suelo
Todo ocurrió tras una etapa sobre adoquines con final en Cambrai. El caos reinó: Tony Martin se vistió de amarillo, pero poco después cayó y se rompió la clavícula. Entre los involucrados también estaban Froome y Nibali.
Según Rowe, mientras Nibali se incorporaba tras la caída, lanzó su caramañola directamente contra Froome, culpándolo del accidente. El británico no tenía bici funcional y los fotógrafos ya rondaban la escena. Rowe no dudó:
“Le dije: ‘Toma mi bicicleta y termina la etapa. Aléjate de esta basura’. Vi en su cara que estaba furioso”.
Destino: el bus de Astana
Horas más tarde, al llegar a meta, Rowe fue informado por el masajista del equipo que Froome había pasado de largo. Intuyendo su paradero, el galés se dirigió al bus de Astana y lo confirmó:
“Subía las escaleras del bus cuando Froome bajaba de ellas”, narra.
Al regresar al bus del Sky, la respuesta de Froome fue seca y contundente:
“Él no volverá a joderme en un buen tiempo”, recordó Rowe.
Un Froome desconocido: directo, dominante y sin miedo
Lo que pasó en el bus de Astana fue más que una charla entre corredores. Rowe asegura que Froome entró al vehículo rival, tomó a Nibali del cuello y lo obligó a señalar dónde había sido culpable del accidente, cuando las repeticiones demostraban lo contrario.
“Nibali se quedó blanco como un fantasma y no supo qué decir”, escribe.
Este episodio revela una cara poco vista del tetracampeón del Tour. Rowe concluye:
“Froomey tenía algo de ‘perro’ dentro, y en ese momento salió”.
Un líder al estilo de los grandes
Rowe compara esa autoridad con la que en su día ejercieron figuras como Bernard Hinault o Lance Armstrong:
“Froome también tenía ese rol de patrón del pelotón”, señala.
Más allá de los watts, el talento o los títulos, Froome también supo hacerse respetar… incluso a puño de carácter.
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