
A pocos días de las clásicas sobre adoquines, Mathieu van der Poel aún no deja atrás las secuelas de su caída en la Milano-Sanremo 2026. Dentro de su propio equipo, las señales son claras: competirá, pero no está completamente recuperado.
Dolor persistente tras el golpe
El incidente antes de la Cipressa dejó consecuencias en su mano, afectando incluso su control de la bicicleta en momentos clave. Aunque logró mantenerse con los mejores en la subida, no pudo responder al ataque definitivo de Tadej Pogacar en el Poggio.
Desde el equipo Alpecin, su compañero Silvan Dillier lo confirmó:
“La mano está más o menos bien. Creo que todavía… definitivamente lo siente. Si le molesta demasiado en carrera, no lo sé, pero cuando esté en la línea de salida, será nuestro líder, sin duda.”
No es grave, pero tampoco está superado
El panorama no es alarmante, pero sí incómodo. Van der Poel no tiene una lesión que le impida competir, aunque tampoco está al cien por ciento. Esa diferencia, mínima en apariencia, puede ser decisiva en carreras donde cada detalle cuenta. En Sanremo ya se vio: el ritmo elevado antes de la Cipressa exigió más de lo habitual y redujo su margen de respuesta en el momento clave.
El verdadero reto: los adoquines
El foco ahora está en lo que viene. Las clásicas del pavé no perdonan molestias, especialmente en las manos, donde el impacto es constante. Lo que en carretera puede ser manejable, en este terreno se amplifica.
Greg van Avermaet ya había advertido:
“Mientras no sea un hueso, se puede manejar en el pavé. Pero esa uña estaba partida, y cualquiera que haya perdido una uña sabe lo doloroso que puede ser.”
Liderazgo con interrogantes
Pese a todo, el mensaje interno es firme: Van der Poel será el líder. Su nivel sigue siendo competitivo frente a los mejores, pero la incógnita está en cuánto puede afectar esa molestia cuando la exigencia aumente. No se trata de si puede correr, sino de si podrá hacerlo sin limitaciones.
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