
La actuación de Mathieu van der Poel en la Milano-Sanremo 2026 dejó más preguntas que respuestas. No fue una derrota cualquiera: el neerlandés resistió hasta la Cipressa, pero terminó cediendo cuando Tadej Pogacar volvió a atacar en el Poggio, dejando el desenlace en manos de Pogacar y Tom Pidcock.
Una caída que cambió el panorama
Más allá del resultado, la atención se centró en el accidente previo a la Cipressa. Van der Poel confesó molestias en la mano y, especialmente, en una uña afectada. En carreteras lisas puede ser tolerable, pero en el pavé la historia cambia. Ahí fue donde apareció la advertencia de Greg van Avermaet:
«Mientras no sea un hueso, se puede manejar en el pavé. Pero esa uña estaba partida, y cualquiera que haya perdido una uña sabe lo doloroso que puede ser».
Más desgaste del esperado
El análisis de su rendimiento también aporta contexto. Su hermano explicó que el esfuerzo previo fue más largo de lo habitual, lo que terminó pasándole factura en el momento decisivo. No fue simplemente una cuestión de nivel, sino de desgaste acumulado en un tramo clave de la carrera, que condicionó su respuesta final.
Números sólidos, pero rival imparable
Pese a todo, los datos no reflejan una caída de rendimiento significativa. Según su entorno, sus registros fueron similares a los del año anterior, lo que apunta a una conclusión clara: Pogacar estuvo un escalón por encima. La diferencia no estuvo solo en Van der Poel, sino en la intensidad superior de la carrera.
¿Problema menor o señal de alerta?
Desde el entorno del pelotón, hay cierto optimismo. Oliver Naesen restó gravedad al incidente:
“No creo que haya sido grave. Al día siguiente en el aeropuerto lo vi y solo tenía una curita normal. No tenía yeso. Creo que fue solo un corte”.
El verdadero desafío está por venir
Sin embargo, la preocupación no desaparece. Las clásicas sobre adoquines exigen control, resistencia al impacto y firmeza en las manos. Incluso una molestia menor puede convertirse en un problema serio cuando el terreno cambia. Más que una ausencia, el debate gira en torno a cuánto puede afectar ese dolor en plena competencia.
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